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27 agosto 2012

Eso, es la relatividad


En una ocasión Einstein estaba viajando en autobús, como cualquier otro día, cuando se quedó observando un gran reloj de Berna. En ese instante, se le cruzó por la cabeza la idea de que si se moviese muy, muy rápido, llegaría un momento en el que su velocidad sobrepasaría a la de las manecillas de modo que él las percibiría como si estuviesen quietas, es decir, que cuanto más rápido se trasladase en el espacio, más lento se movería en el tiempo. Eso es porque nuestra percepción del espacio-tiempo se distorsiona. 

Yo me pregunto si a Einstein se le llegaría a ocurrir también que, de ser el tiempo el que fuese demasiado rápido, nosotros nos pudiéramos quedar atrapados en el espacio. Últimamente el tiempo vuela. ¿Qué digo volar? Va a la velocidad de la luz, como mínimo. 
Y yo, al final, sigo plantada en el mismo sitio.


14 marzo 2012

¿Quema el agua hirviendo?


El agua hierve a 100ºC, una temperatura abrasadora para los humanos. Pero eso sucede al nivel del mar. El punto de ebullición del agua, o de cualquier líquido, viene determinado no solo por la temperatura, sino también por la presión. A mayor altitud, donde la presión atmosférica es inferior, el punto de ebullición es menor. El agua que hierve a una temperatura más baja requiere más tiempo para cocer la pasta (en Cincinnati, a 165 metros, los macarrones están al dente en 10 minutos; en Denver, a 1609 metros, en el mismo tiempo aún están crudos), pero esa agua también está más fría para beber. En lugares de gran altitud, como el Tíbet, la gente puede beber té hirviendo sin quemarse. En el espacio, el agua se evapora a cualquier temperatura porque no hay suficiente presión para que se mantenga en estado líquido.

Heidi Schultz
National Geographic, agosto de 2004

01 marzo 2011

Física.

En la vida te encontrarás con problemas que podrán resolverse de diversas formas. Puedes optar por la vía fácil, o bien, rizar el rizo e ir por el camino más complicado, pero al final llegarás a la misma solución. También puede suceder que cada método te dé una solución distinta, pero siempre hay un camino más adecuado. Es entonces cuando el problema inicial pasa a un segundo plano y el auténtico quid de la cuestión es descubrir cuál de las dos formas es la más idónea. O, mejor dicho, la correcta, lo que descarta toda posibilidad de comparación entre mejor o peor, reduciendo así tus opciones a una sola.
<Del tablón de Marie>